Frases estúpidas, episodio 2

Publicado el 24 de Diciembre, 2007 a las 1:31pm por Pi.
Categorías: Unimultiverso, Cosas, Sin Traducción.

Continuando con la serie de frases estúpidas, hay una que me sienta especialmente mal: Hay que probar de todo en esta vida junto a su popular corolario hay que probarlo antes de decir que no te gusta. Pues así de botepronto se me ocurre una larguísima lista de cosas que no me apetece probar, y que puedo decir con toda seguridad que ni me gustan ni me van a gustar.

Por ejemplo: Pillarme los bemoles con la tapa de un piano, la relectura de la Biblia, una maratón de la filmografía de David Lynch, el queso de Cabrales, el celibato involuntario, el pelo a lo Kojak, el último trabajo de Bisbal, la conversión al islamismo, judaismo, cristianismo o zoroastrismo, sexo con cefalópodos, participar en un linchamiento racista, una infección con Ebola, etc.

Parece que la gente que suele recomendar eso de probarlo todo, lo hacen por malicia y reírse un rato, o por falta de comprensión del tipo “pero cómo no te va a gustar un sol y sombra, si no lo pruebas no puedes decir que no te gusta”. Pues el coñac me da náuseas, y el anís arcadas; no quiero imaginarme como saben juntos, y más teniendo en cuenta cómo apestan. En realidad, los ejemplos que podría poner serían demasiados, así que mejor lo dejo aquí.

Y hablando de reirse, hay una frase que no es que me siente mal, pero atenta contra mi sentido común: No me río de ti, me río contigo. Por ejemplo, estando en un bar, se acerca un borracho y me tira el vinacho encima; ¡y encima se ríe! Claro, yo me cabreo muchísimo, tanto por el pestazo a vinacho que voy a llevar el resto de la noche, como por el gilimemo que se ríe. Pero ni corto ni perezoso, el tipo va y suelta “pero si no me rio de ti, me río contigo”. Entonces es cuando le suelto la patada en los cojones (sólo para llamar su atención) y le explico lenta y pausadamente que si yo no me estoy riendo, es imposible que él se pueda estar riendo conmigo, pero ya que él se ríe tanto, me voy a reir yo un ratito mientras se retuerce en posición fetal.

Otro ejemplo. Varias personas reunidas en una conversación, y una de las personas decide confesar algo que, aunque pueda parecer gracioso a primera vista, oculta un transfondo deprimente. Sin embargo, el resto de los contertulios se desternillan. “Pues tengo 42 años y soy virgen.” Risas. “Ayer me pillé el prepucio al subirme la cremallera.” Carcajadas. “Anoche ligué pero tuve un gatillazo.” Hasta se les saltan las lágrimas. Y claro, el ofendido se rebota que no veas, pero algún listillo suelta “no te mosquees, que no nos reímos de ti, nos reimos contigo.” Ya, vamos, os descojonáis a costa de las desgracias ajenas y además le tomáis por tonto, porque tonto de cojones es el que se cree eso. Mi consejo: Si el otro no se ríe, no le soltéis esta frasecita a no ser que queráis empeorar las cosas.

Y siguiendo con las risas, una frase que demuestra la poca imaginación y el bajo nivel intelectual de este chiste con patas que es el ser humano: Era broma. Vienen dos tipejos con navajas y te piden el reloj, la cartera y el número de la seguridad social. Pero como los tenemos cuadrados, patada a la entrepierna a uno, y al otro un puñetazo interrumpido por un “joder, tronco, que era broma”. Vamos, graciosísimo, ¿dónde está la cámara oculta?

Precisamente en esos programas de cámara oculta he visto algunas cosas que claman al cielo. Ya no bromas pesadas, sino verdaderas putadas, y cuando la víctima agarra a uno de los ganchos y va a arrancarle la cabeza, se acerca un imbécil diciendo “no, si es una cámara oculta, no te cabrees que era broma.” Y si encima la víctima no se lo toma a buenas, es que le falta deportividad. Y una leche podrida. También se da el caso del típico empujón en medio de fiestas, y el que te ha empujado te dice que tengas más cuidado, probablemente acompañado por algún epíteto de bajo nivel. Entonces le respondes mal, como debe ser, el capullo se da la vuelta y se apercibe de tus anchos hombros, los 18 centímetros que le sacas en altura, y de la altísima probabilidad de que seas capaz de machacarle vilmente mientras terminas un sudoku. Claro, el hombre se ve transformado de gallito de pelea a pollo al chilindrón a 9.8m/s2 y te dice “eh tío, que era broma”. Claro, estoy deseoso de encontrarme con borrachos gilipollas que me vengan a gastar bromas de ese tipo mientras intento pasarlo bien con mis amigos.

Bueno, por hoy ya basta. Como se me ha acabado el repertorio de frases estúpidas, acepto sugerencias. Porque sé que el ser humano es fuente inagotable de estupideces, incoherencias, despropósitos y demás.

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