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Publicado el 28 de Diciembre, 2007 a las 5:29pm por Pi.
Categorías: Unimultiverso, Cosas, Sin Traducción.
En esta tercera y última parte de la serie “les frasés estupidées”, vamos a analizar algún otro prodigio de la semántica popular. Como estas frases estúpidas se suelen utilizar como excusas, me dedicaré especialmente a este subgénero tan de moda. En particular me gustaría empezar con la que probablemente es la excusa más estúpida jamás perpetrada por nadie, y me refiero a yo soy así.
No, no es “yo soy aquel” y tampoco es “yo soy esa”. Es una afirmación categórica que dice, no, exclama “es que así es como el señor me ha creado, y yo no voy a cambiar, así que lo tomas o lo dejas”. Pues casi como que lo dejo. Porque la gente suele usar esta frase muy a menudo, en contextos completamente comprensibles, como “pues qué quieres que te diga, no me gustan las fresas, ya sé que es raro, pero yo soy así”. Eso me vale. O la de “no sé que decirle a esa chica, esta timidez mía me causa muchos problemas, pero yo soy así”. Bueno, puede pasar.
Cuando no pasa es cuando se usa como excusa para cometer atrocidades contra el sentido común, soltar burradas y encima quedarse tan pancho. “pues sí, me he gastado toda la paga del mes en las tragaperras, y mis niños tendrán que comer de la beneficiencia, pero es que yo soy así”. Sí, desde luego, eres así de gilipollas. “Es que tengo mucha rabia contenida y soy muy violento, a la mínima empiezo a partir caras, pero es que yo soy así”. “Pues si te ofende, te jodes, yo digo lo que pienso y no hay más que hablar, yo soy así”. Además, antes de soltarlo suelen poner un añadido del estilo de “sé que suena mal, pero yo soy así”, en plan de “si tienes algo que objetar, la culpa es tuya, no mía”.
Siguiendo con las excusas colocadas en un mal contexto que las convierte en estupideces, el clásico no es para tanto merece una mención. Es lamentable con qué poco buen juicio se suele usar esta coletilla. No, en serio, porque cuando más se suele usar es cuando menos debería. Verbi gratia: un capullo borracho aparca en doble fila al lado de tu bólido, y después de tres maniobras milagrosas, a la cuarta la jode y te hace un rayón de 10 centímetros. Entonces el tío sale del coche, mira el rayón y va y lo suelta: “vamos, no es para tanto, si casi ni se ve”. Serás caradura, cacho cabrón.
Creo que incluso se podría hacer una ecuación en la que mientras más te han pillado, más probabilidades tienes de utilizar la frasecita de marras. “Sí, cariño, sé que me has pillado haciendo un menage-a-trois con tu hermano y con tu mejor amiga el día de nuestro aniversario, pero no es para tanto”. Pequeñas variaciones con el mismo significado como “no es para ponerse así” o “haces una montaña de un grano de arena” suelen tener el mismo efecto.
Otra chorrada más que me suele poner de los nervios por la nefasta interpretación que se suele hacer de ella, y más por la muestra de la mentalidad que hay tras los que la pronuncian. Y me refiero a estamos en un país libre. Sin irnos muy lejos en el tiempo, hubo una guerra civil con medio millón de muertos de ambos bandos, se saldó con 30 años de dictadura fascista y una transición pseudodemocrática que, aunque modélica, sigue teniendo más agujeros que el guión de Lost In Space. Y yo me pregunto, ¿todo esto para qué? ¿Para que un gilipollas descerebrado y caradura pueda putear con impunidad?
Porque la consigna de la libertad no se usa cuando se debe. Se usa cuando alguien se cree con derecho divino a hacer y decir lo que le venga en gana. Da igual si es para colarse en la caja del súper, o quitarte la silla en la barra del bar, o para farfullar incoherencias ofensivas sobre las opiniones de los demás, o para soltar burradas sexistas, racistas y fascitas, o para cualquier otra falta de respeto. En seguida se amparan bajo lo de “estamos en un país libre”, como diciendo que si les replicas y censuras lo que han hecho o dicho, estás en contra de todo lo sagrado y libre. Pues no cuela, pues son ellos los que coartan las libertades de los demás refugiándose en una frase que ni siquiera entienden.
Es muy parecido a aquello de es de todos, así que una parte es mía. Sí, ya, el bosque es de todos, quema tu parte. Este parque se ha pagado con mis impuestos, así que si me da la gana rompo el banco. La carretera es de todos, por lo tanto hago lo que quiero en ella. Pues no, señores. Si algo es de todos, significa que debemos usarlo de manera que todos los demás puedan seguir usándolo. El que algo sea público no implica en ningún momento que un imbécil corto de miras llegue y dictamine que desde aquí hasta allí es su parte. Ambas frases se basan el la misma concepción egocentrista que suele tener el ser humano medio o mediocre, que suele ser más mezquino de lo que se piensa.
Y ya sé que quizás exagero mucho diciendo que tal o cual frase es la peor, pero de verdad, esta siguiente es de lo peorcito, en muchos casos raya en lo criminal: el fin justifica los medios. Porque, queridos lectores, esto ya no son hipótesis, ejemplos, y chorradillas para reir. Que yo he escuchado con mis pobres oídos usar esa frase con referencia a los nazis y el holocausto judío. 42 millones de muertos en una guerra, naciones enteras arrasadas, pero “el fin justifica los medios” (nótese que hago este comentario con sarcasmo y repulsa, claro).
Claro que eso es llevar las cosas a los extremos. Es cierto que se usa para justificar racismo, terrorismo, ideales políticos y culturales, etc. Pero también se usa en el día a día, por gente cercana a nosotros. Como putear la vida de alguien para poder ligarte a su pareja; porque el fin justifica los medios. Claro que no sé qué fin ni qué medios, porque la gente lo usa de manera absolutista: todos los fines justifican cualquier medio. Eso si no te jode a ti mismo, entonces ningún medio está justificado. Así que quizá la frase se podría traducir como “cualquier fin que yo considero adecuado justifica los medios que crea necesarios, pero no hay manera de justificar los medios usados para fines que no me van”. O algo así.
Y con este final tan amargo (ni siquiera agridulce), me despido de estos análisis que demuestran que las dos únicas cosas infinitas que hay son el universo y la estupidez humana, aunque ya se ha demostrado que el universo no puede ser infinito…
sin comentarios todavía.
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