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Publicado el 9 de Julio, 2008 a las 7:17pm por Pi.
Categorías: Libros, Sin Traducción.
En 1984, Orwell dibuja un futuro poco esperanzador, en el que una sociedad paupérrima se arrastra bajo el yugo de un gobierno totalitario. En esa sociedad, un miembro llamado Winston Smith lucha con su escepticismo y su inteligencia para no ser absorbido por el lavado de cerebro continuo al que es sometido. Pero Winston no es el héroe del libro; es sólo una victima más. Vemos su camino que va, como él mismo reconoce, hacia la muerte y la destrucción, al ir en contra del gobierno casi omnipresente y casi omnipotente.
Winston es una especie de estereotipo distorsionado de cualquier ciudadano medio que no se traga todo lo que lee en el periódico, o escucha en la radio. Es el ciudadano en peligro de extinción, que sigue pensando por sí mismo. Con un acto apenas consciente, Winston empieza un diario, lo que en sí mismo constituye su primer acto de rebeldía física. Y en ese diario plasma su rebeldía intelectual, sus críticas hacia el Partido que es omnipotente y omnipresente, pero no tiene poder dentro de su mente.
Esta rebeldía es contra el Partido, pero también contra la sociedad que está bajo su yugo. Hay un reproche indirecto contra las personas que le rodean, que siguen como ovejas la dirección que marca el Partido. El mismo Winston se pregunta cuantos de ellos se tragarán realmente la enorme cantidad de mentiras que las telepantallas vomitan continuamente, y cuantos se cuestionarán la veracidad de esas afirmaciones, o los motivos y métodos del Partido.
En la novela gráfica V De Vendetta (Alan Moore y David Lloyd, 1988) hay un cierto paralelismo con 1984, y el protagonista hace la acusación de manera más directa. V acusa a la gente de ser la culpable de haber puesto en el poder a sus tiranos, tanto en el pasado como en el presente. Los poderes gobernantes en 1984 y en V De Vendetta han llegado a su puesto usando el miedo de las masas y manipulándolo en su beneficio; por ende, las masas son, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente, las que han provocado el totalitarismo que sufren.
En V De Vendetta se afirma que las masas son también responsables directos al permitir que tal totalitarismo continue, por no alzarse contra el. En 1984, Winston hace un análisis más desesperanzador de la situación, aunque coloca sus esperanzas en los proles, que no forman parte del Partido y que apenas son controlados por éste. Como en todas las épocas, el gobierno mantiene a los sectores más bajos de la sociedad bajo control con pan y circo. En el caso de 1984, a los proles se les alimenta con pornografía de baja calidad, deportes, una irracional esperanza en una lotería (que probablemente sea ficticia), etc.
Curiosamente, Winston siente cierta envidia de los proles, ya que no parecen estar en mucha peor situación que él mismo, miembro del Partido Exterior, el equivalente a la clase media. El Partido no vigila a los proles, apenas les considera humanos; de hecho, varios personajes del libro los mencionan como animales. Pero esto es lo que provoca la envidia de Winston: a pesar de las duras condiciones de vida, tienen cierta libertad, no son vigilados con inexorable escrutinio, y ve en ellos cierta clase de felicidad que él mismo no posee y no cree que vaya a poseer nunca.
En contraste con la descuidada liberalidad con que se controla a los proles, los miembros del Partido Exterior son vigilados día y noche en busca del más mínimo signo de rebelión contra las normas establecidas. Además, son sometidos a un espartanismo sin concesiones. Como Winston hace notar, media Inglaterra vaq descalza, mientras en la telepantalla se anuncian records de producción de botas, en millones. Curiosamente, el Partido Interior, los verdaderos gobernantes y artífices del sistema, siguen ese mismo espartanismo, aunque con más concesiones. Tienen acceso a pequeños lujos como vino, mantequilla, café verdadero, etc. En esto difieren de las clases altas y dirigentes de otras sociedades, que acceden sin reservas a todo tipo de lujos.
En 1984, el representante del Partido Interior es O’Brien, primero cómplice y después torturador de Winston. O’Brien hace una comparación y una distinción entre otras sociedades totalitarias, como los nazis y el comunismo ruso, y la sociedad totalitaria del IngSoc (Socialismo Inglés) retratada en 1984. Como explica O’Brien, los nazis y los comunistas rusos se acercaban mucho a ellos por sus métodos, pero eran hipócritas al exponer sus motivos. Pensaban que habían tomado el poder en contra de su voluntad y que con esfuerzo y trabajo, a la vuelta de la esquina aparecería la felicidad y la utopía. Pero O’Brien afirma que la única razón de obtener el poder es el poder mismo, y una vez que se tiene, el único objetivo es conservarlo. Y eso es lo que el Partido pretende, perpetuar la situación para mantener el poder. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo.
En el libro, esta conversación da paso a otras explicaciones de las doctrinas contradictorias del Partido: “la guerra es la paz”, “la libertad es la esclavitud”, “la ignorancia es la fuerza”. Aquí O’Brien no usa el doblepensar para aceptar ciegamente esas doctrinas aparentemente sin sentido, destinadas al lavado de cerebro. Al contrario, explica sus orígenes y cómo son la base de la creación del IngSoc y del estado totalitario de Oceanía.
O’Brien también menciona que las doctrinas políticas de Eurasia y de Asia Oriental son equivalentes, a pesar de tener nombres diferentes y supuestamente objetivos irreconciliables. Aquí Orwell vuelve a poner sobre la mesa una crítica a la política totalitaria. Una vez que una dictadura se ha establecido, por los motivos o medios que sean, e independientemente de su origen o discurso politico, se convierte en una cara más del fascismo, al arrebatar al individuo su libertad para elegir qué pensar, qué decir, a quién apoyar, etc. Da igual en nombre de qué se rescinde esa libertad; el hecho de haberla robado es fascismo, y todos los fascismos son iguales: IngSoc, nazis, comunismo ruso, o la “adoración a la muerte” de Asia Oriental.
Además, O’Brien sirve de vehículo a Orwell para seguir criticando toda postura política hipócrita, ya sea fascista o revolucionaria. Winston insiste en que su moralidad como ser humano libre es superior a la del déspota Partido. Usando una grabación de Winston cuando aceptó formar parte de la hermandard, O’Brien demuestra que Winston no tiene una moralidad más alta, ya que “para luchar por la libertad”, éste estaba dispuesto a cometer los actos más horribles, igual que el Partido contra el que pretendía luchar. Con esto, Orwell hace una acertada crítica contra los enemigos de todo sistema que usan medios iguales o peores que el sistema contra el que luchan, en nombre de la libertad u otra entelequia. El mismo Albert Camus, filósofo del siglo XX, abandonó las ideas socialistas y comunistas extremas porque no podía tolerar sacrificar la libertad real en aras de una libertad ficticia, acusando a esas ideologías de profesar la misma crueldad que otros sistemas totalitarios.
Aunque Orwell menciona poco o nada la religión en 1984, el misticismo que rodea al Gran Hermano, y la comparación que hace O’Brien de la función del Partido Interior (literalmente los llama “sacerdotes del poder”) lleva implícita una critica a todo sistema de pensamiento totalitario y contradictorio, incluida la religión. Esto se produce muchas veces a lo largo de la novela, con el uso de la palabra y el concepto de doblepensar. Doblepensar es poder aceptar como ciertas dos proposiciones externas, contradictorias e irreconciliables, simultáneamente y casi inconscientemente. Este sistema de adoración a un lider, real o imaginario, presente o pasado, y esta aceptación ciega de toda doctrina proveniente de los que tienen el poder, es la crítica última de Orwell, tanto a los totalitarismos como a las personas que, por debilidad o miedo, les permiten formar y mantener esos totalitarismos. Los ciudadanos son a la vez víctimas y responsables de la sociedad que les esclaviza.
Terminaré mi análisis amateur de 1984 en el siguiente artículo.
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