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Posted on July 24th, 2008 at 11:39am by Pi.
Categories: Reading, Unimultiverse, Books, Untranslated.
Con 1984, Orwell crea una antiutopía muy cercana al arquetipo perfecto de infierno futuro. De hecho, todas las distopías con gobierno totalitario suelen llamarse orwellianas, hasta tal punto llega su influencia. Pocas veces se ha llegado a ese grado distópico, tal vez en novelas como Un Mundo Feliz (Aldous Huxley, 1932) donde todos debían ser felices, les gustase o no; o la delirante parodia, y a la vez ácida crítica de Fin De Siglo (Jacques Sternberg, 1971).
Tal vez parte de este reconocimiento se debe al horror del mensaje que transmite el libro. Y este mensaje es “no hay escapatoria”. El Gran Hermano, y el Partido, es omnisciente, omnipotente. Si dejamos que un gobierno totalitario tome las riendas, estamos perdidos. El individuo no tiene poder contra ese totalitarismo, y la masa está desorganizada, falta de motivación y de objetivos concretos. La masa se preocupa de sobrevivir, es un animal asustadizo, voluble y maleable. Y por ende, el ciudadano también es maleable, aunque a otra escala.
La ubicuidad del Partido a la hora de poder manipular al ciudadano se representa con la habitación 101. Es en esta habitación donde se realiza el último paso del lavado de cerebro, donde se le enfrenta a sus peores horrores personales. La respuesta de Winston a la pregunta de O’Brien de cómo afirma un hombre su poder sobre otro es: “haciéndole sufrir”. Aquí, Orwell da un aviso más: los que tienen el poder pueden manipularnos hasta extremos que ni nos imaginamos. Nuestras convicciones e idealismos se desmoronarán, porque no somos perfectos, y se nos puede destruir.
En otras antiutopías, al final el héroe escapa, o consigue derribar el frágil sistema para descubrir que su aparente fortaleza era una ilusión, y que la libertad estaba a la vuelta de la esquina. Pero en 1984 no hay escapatoria, no hay salida. Mientras el totalitarismo siga articulándose a sí mismo para perpetuarse, como el Partido ha conseguido, no hay salida. Orwell dice así que los totalitarismos no deberían llegar a establecerse, en nombre de ninguna supuesta libertad o revolución. Bajo ninguna excusa, ni por miedo, por ambición, por odio…
Es quizá esta falta de esperanza la que distingue 1984. El mundo no se acabará, el totalitarismo no se acabará, siempre seguirá así. Por lo menos, el protagonista de Fin De Siglo descansará al acabarse el mundo, pero Winston sólo tiene ante sí un futuro inacabable de control infernal.
En ese sentido, 1984 no es una obra muy moralista. Su mensaje no es directo, sino indirecto. Muestra el horror de lo que conllevan unas decisiones aparentemente acertadas, lo fatal de las buenas intenciones llevadas a cabo por malos métodos, la falta de diferencias entre unos y otros totalitarismos, la falta de moral de revoluciones igual de inmorales que el poder al que pretenden destruir. Orwell no pretende dar una moraleja. Pretende meternos el miedo en el cuerpo de que una situación como la descrita en 1984 pueda llegar a ocurrir. Usa la ciencia ficción, el “¿y si esto ocurriese?” y nos muestra los resultados.
A pesar de que he insistido en que 1984 es ciencia ficción, hay mucha gente que le atribuye predicciones que son erróneas. Yo mismo suelo decir “Orwell sólo se equivocó en el año”, aunque es una forma de hablar más que una afirmación exacta. Así mismo, muchos han imputado a Orwell predicciones que son del todo inexactas; son simples paralelismos entre rasgos de un sistema totalitario y ciertos pasos que dan ciertas sociedades y gobiernos en camino de convertirse en algo parecido al Partido.
De hecho, y a mi juicio, 1984 está lleno de errores. Por ejemplo, se imagina una casta con poder casi absoluto, pero que ha renunciado a las riquezas y al lujo desmedido. Sí, tienen ciertos lujos al alcance de muy pocos, pero comparados con otros que han detentado el poder, son casi ascetas. Yo no puedo imaginarme a un grupo, mayor o menor, de personas que detentan el poder y colaboran en la deliberada destrucción de la riqueza, lo que les afecta incluso a ellos, tan sólo para continuar en el poder y preservar el sistema actual para los gobernantes del futuro. Yo creo que el ser humano es demasiado egoísta como para que las personas que llegan y se mantienen en el poder con ciertos métodos no disfruten de ese poder con todo lo que conlleva.
Por ejemplo, hoy en día se dice que la información es poder. Pero, y todo apunta a ello, el poder es tan sólo un medio de conseguir dinero, y disfrutarlo. Con contadísimas excepciones, esto es visible en todos lados. Incluso en China, donde los dirigentes muestran una apariencia exterior de espartanismo y sobriedad, se ha introducido un capitalismo de despilfarro desmedido. En Corea Del Norte, posiblemente uno de los paises existentes más cercano a lo descrito en 1984, los poderosos viven a cuerpo de rey.
En los paises capitalistas, las empresas multimillonarias y los propietarios de dichas empresas tienen más poder e influencias que muchos políticos; y ese poder proviene del dinero. El poder no es un fin, es un medio, y creo que es el dinero, y todo lo que conlleva (incluido el poder) lo que mueve el mundo. Baste decir que el 5% de la población mundial posee el 95% de las riquezas; dicho de otro modo, el 95% de los seres humanos tienen tan solo el 5% de las riquezas. Y la brecha no hace más que agrandarse. Muchas medidas políticas o bélicas se toman con respecto a mantener un control sobre el flujo económico, más que por tener más o menos poder. En este sentido, las distopías futuristas en las que el poder lo ejercen directamente megacorporaciones me parecen más creíbles que el ascetismo del Partido.
Otro tema que se suele mencionar de 1984 son las telepantallas. Mucha gente conoce la historia de 1984 pero no ha leído el libro, tergiversando su comprensión sobre las telepantallas. El Partido no vigila a todos los ciudadanos; tan solo a los que importan. Además, Orwell tampoco era pionero en este concepto; la comunicación visual y bidireccional era comun en la ciencia ficción de la primera mitad del siglo XX. Su uso como método de espionaje tampoco es original, aunque probablemente es en 1984 donde alcanzó su punto álgido, y quizás no pueda ser superado.
Con respecto a hoy en día, las telepantallas no existen, aunque no son muy necesarias. Para lo que realmente importa, se nos espía y controla con total impunidad. Se rastrean nuestros hábitos consumistas, y mientras más consumistas somos, más se nos puede espiar y controlar. Mientras más comunicativos somos, usando teléfonos, internet, cualquier medio, más pueden espiarnos.
Esto nos lleva a otro tema, y es el de la tergiversación de la información. No hay un lavado de cerebro tan directo en el presente, pero eso es porque pocos gobiernos controlan los medios al mismo nivel que el Partido. Sin embargo, los poderes establecidos sí controlan algunos medios, y pueden influir en cómo se difunden las noticias; qué se obvia y qué se destaca; cómo se exageran datos o se miente directamente. A veces, los medios son poderes en sí mismos, buscando cambiar influencias políticas o económicas, a través de la masa. La masa de consumidores y ciudadanos es espiada, y sus hábitos son analizados para plantear nuevas estrategias políticas o de marketing, para conseguir los resultados deseados. No es un lavado de cerebro directo, pero lamentablemente funciona.
La gente está más influenciada por la televisión y los periódicos que por sus propias ideas y pensamientos. Lo peor es que es un efecto de bola de nieve. A poco que hayas sido influenciado, buscas medios que estén más de acuerdo con tus nuevas ideas, lo que significa más influencia, que se traduce en ideas más radicales. Cierto que esto no funciona con todo el mundo, sino con sólo un sector limitado de la población. Pero como en 1984, es el sector que importa. Son los que hacen ruido, los que se mueven, los que intentan que las cosas cambien de una manera o de otra, sin importarles lo que le pueda parecer a los demás. Seguro que con todas las buenas intenciones, pero muchas atrocidades en la historia empezaron con buenas intenciones.
No voy a entrar en el tema de la educación (lavado de cerebro desde el nacimiento), pero supongo que muchos estarán de acuerdo en que en muchos casos hay una educación que, sin ser tan extremista como 1984, sí es parcial y tergiversadora. De hecho, una de las cosas que se cambian con más urgencia cuando se establece un nuevo totalitarismo es el sistema educativo y sus materias.
Y por último, el simbolo más reconocible de 1984, el icono por excelencia del totalitarismo absoluto: el Gran Hermano. Pues en esto Orwell no se equivocó. El ser humano es tribal, tiende a seguir a un lider, una cabeza visible a la que venerar y obedecer. Las ideas y las convicciones son poderosas, pero si se les da una cara son aún más poderosas. Orwell identificó este instinto y le puso una cara fuerte, carismática. Y en el mundo real no hay diferencia; por mucha organización y burocracia que haya, siempre hay un lider supremo en cada sociedad. Puede llamarse presidente, rey, príncipe, primer ministro, jefe de estado o lo que sea. Y en mayor o menor medida, se le rinde culto. Por ejemplo, Kim Jong-il es el presidente eterno de Corea Del Norte, y es cuasi-omnipresente en las calles de todo el país. De una manera más o menos solapada, también se intenta divinizar a cualquier lider, a través de la desinformación, marketing, difamación, etc.
En conclusión, Orwell nos da un aviso con una de las novelas más importantes de la ciencia ficción y del siglo XX, un aviso que sigue vigente hoy en día, en el tercer milenio. Por el momento estamos relativamente a salvo, pero la única manera de seguir a salvo es seguir moviéndose, seguir quejándose, seguir gritando y luchando. Para que el mal triunfe, sólo es necesario que un hombre bueno no haga nada.
Con este artículo acabo mi análisis amateur de 1984, de George Orwell. Espero que haya sido lo suficientemente interesante como para compensar su longitud y densidad ^_^
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