¿La intención es lo que cuenta?

Posted on November 7th, 2010 at 8:10pm by Pi.
Categories: Unimultiverse, Untranslated.

Hoy (bueno, un día de estos) me he despertado con una pregunta en la cabeza, aunque es una de esas preguntas difíciles de poner por escrito. Aunque en mi cabeza está clara, incluye conceptos e ideas en una red compleja de implicaciones, ardua de desenmarañar. Así que quizá sea mejor obviar la pregunta y comenzar con alguna explicación. Tal vez al leer alguna respuesta, se pueda comprender la pregunta. Así que preparaos para una lectura densa y abstracta. De hecho, casi os recomendaría no leer esto…

Imaginemos a dos personas, de orígenes diferentes y con personalidades diferentes. Sin embargo, ante un determinado estímulo, ambas personas tienen la misma reacción. Las soluciones personales ante problemas no son tan variadas como toda la historia de por qué se ha llegado a esa solución. Por lo que a pesar de tener un pasado diferente, una personalidad diferente, una idiosincrasia diferente ante la vida, es perfectamente natural tener una reacción no sólo similar, sino idéntica. (Asímismo, es normal que habiendo sufrido dos estímulos iguales, y teniendo un pasado personal similar, se lleguen a dos reacciones o soluciones diferentes, pero no va de eso mi pregunta.)

El problema es la interpretación que la demás gente que les rodea. Porque esa gente también son personas (a pesar de lo que algunos puedan pensar), y como tales tienen sus limitaciones, prejuicios, etc. Una de esas limitaciones es que las personas sólo podemos interpretar y juzgar hechos en base a lo que conocemos. Así que vemos en dos personas una misma reacción, una misma solución ya sea consciente o inconsciente, a un estímulo o problema que se les presenta. Lo absolutamente lógico y normal es pensar que esas dos personas son iguales en ese aspecto de su personalidad. Quizá se podría empezar a argumentar si esas dos personas no tuvieron una experiencia determinada similar en su pasado, que les hace reaccionar así. Pero la interpretación, en general, sería que las dos personas tienen un rasgo común.

Eso sólo es cierto en base a dos premisas: La primera, que no se conoce a ambas personas lo suficiente como para hacer otra interpretación. Es decir, se conocen ciertos rasgos personales de esas personas como para saber si realmente la misma reacción proviene de un aspecto personal o no. La segunda premisa es que ese conocimiento no es relevante para la interpretación. Por desgracia, las personas tenemos nuestras maneras de pensar que incluyen axiomas, presupuestos, prejuicios y conocimientos que no siempre son adecuados para una interpretación correcta. Estos pueden llevarnos a descartar hechos para llegar a una conclusión con la que podemos sentirnos más cómodos. Rompemos conscientemente la navaja de Occam, y llegamos a una interpretación que, de una manera personal, es correcta y cierta. Así que aunque sepamos que la primera persona tiene un pasado y una experiencia diferente a la segunda, si ambos tienen una reacción igual a un estímulo determinado, debe significar que sus experiencias y pasados no son relevantes en este caso concreto.

Y es aquí donde las cosas se complican para mí. Porque es extremadamente difícil conocer a una persona para saber por qué ha tenido una reacción determinada ante un estímulo determinado. Es ese “por qué” lo que a mí me importa, no el “qué”. Y una persona puede contarnos muchos “por qué”, muchos pasados y muchas experiencias, y tendremos una imagen mental de cómo es esa persona. Pero esa imagen mental nunca será exacta, y no podremos adivinar siempre (en realidad, casi nunca) un “por qué” en base a nuestras propias observaciones, porque no conocemos todo el pasado, todos los pensamientos que haya tenido una persona, ni seremos capaces de duplicar la manera de pensar de esa persona, y no podremos llegar a las mismas conclusiones que ella.

Entonces, si lo importante a la hora de juzgar los actos de una persona son sus intenciones, nos hallamos ante un problema tremendamente grave. Porque no podemos estar siempre explicando nuestros actos. Aparte de ser poco práctico, ya que nos pasaríamos la vida hablando sobre nosotros en vez de hacer cosas e intentar disfrutar de la vida, ni nosotros mismos seríamos capaces de dar un por qué a todos nuestros actos, a todas las palabras que pronunciamos y a todas las ideas que comunicamos. Incluidas las personas que poseen una gran capacidad de análisis personal.

La intención es lo que cuenta, o así dice la frase hecha. Pero, ¿es así? Si juzgamos a las personas sólo en base a sus actos, es mi opinión personal que ese juicio o interpretación es incompleto, por lo que puede ser incorrecto. Eso sin contar la manera en la que nosotros mismos imponemos nuestra propia manera de ver las cosas a la hora de juzgar esos actos. Por otro lado, es muy difícil interpretar los actos tan sólo por las intenciones de la persona que los realiza. Como personas, nunca podremos ser totalmente objetivos, y habrá veces que para nosotros los actos serán más importantes que las intenciones, y otras en la que las intenciones (los “por qué”) tendrán más peso que los actos.

Una manera de simplificar las cosas es decidir, de una manera personal, que los actos buenos, o por lo menos los actos que a nosotros nos parecen positivos, son más importantes que las razones que han tenido las personas que los han realizado. Sólamente la desconfianza puede llevarnos a cuestionar un acto que es a primera vista positivo, y no creo que haga falta poner ejemplos o más explicaciones al respecto. Pero los actos de una persona que nos parezcan malos o negativos si pueden merecer un segundo y tercer pensamiento, sobre todo si esa persona nos importa. Deberíamos por lo menos valorar las ideas e intenciones de una persona en vez de juzgar el acto descarnadamente por sí mismo. Si no fuera así, todos tendríamos muchos menos amigos de los que tenemos. Porque hemos aprendido a tolerar defectos en las personas que nos rodean, y tener razones para tolerar esos defectos es una de las razones de que nuestras amistades sean positivas y sinceras.

También podemos simplificar el problema decidiendo, otra vez de una manera personal, que los actos muy negativos no se pueden justificar con intenciones. Hay un límite para todo, y cada uno tenemos más o menos claro dónde están los limites de ciertas cosas, por lo que podemos decir en un momento dado “ahí te has pasado” y no tolerar el acto o reacción, independientemente de lo que lo haya causado. Volvemos de nuevo a esos defectos personales que decidimos tolerar o no. Pero entonces, para decidir si los toleramos o no necesitamos saber cuáles fueron las intenciones de las personas, necesitamos comprender cómo han llegado a tener ese rasgo de personalidad.

La intención es lo que cuenta, cuando lo que cuenta es la intención. Otra frase hecha que es desmontada y diseccionada, sólo para descubrir de nuevo que está hueca y que, explicada y razonada, es una perogrullada que no habría que haber mencionado desde un principio. Sí, es cierto, odio las frases hechas que se pronuncian sin ningun fundamento, y a mi juicio, ésta es una de ellas.

De acuerdo, volvamos ahora al principio. Dos personas diferentes están en la misma situación, o reciben un estímulo determinado, o se les plantea una cuestión. Y esas dos personas tienen la misma reacción, la misma respuesta, ya sea consciente o inconsciente. Ya no es tan sencillo decir que “en eso son iguales” y ya está. Primero, hay que concederles el beneficio de la duda, es decir, plantearse si realmente pueden ser iguales o no tan sólo por haber realizado el mismo acto. Segundo, si no queremos ofenderles, mejor no decirles “vaya, en eso sois iguales”. Tercero, si realmente nos importa, ya sea de una manera personal, o de una manera altruista, quizá podamos atrevernos a preguntarles (preferiblemente por separado) “oye, ¿por qué haces esto?” y así descubriremos algo más de esa persona. Como ya he dicho antes, es difícil conocer y comprender a alguien. Pero nunca debemos dejar de intentarlo.

Y hay cuarto, y quinto, y sexto, pero eso ya os lo dejo a vosotros. Ni siquiera importa la pregunta inicial, ni por qué surgió esa pregunta en mi cabeza. Creo que algunas de las respuestas son más importantes. Los ejemplos alargarían aún más esta lectura ya de por sí densa y con la que muchos no estaréis de acuerdo, por lo que sin haber empezado por el principio, ni haber llegado al final, aquí termino.

1 comment.

mensajes claro

Comment on 1:48am.

Muy buen artículo, a veces yo tambien despierto con esos pensamientos pero creo que la intencion no es suficiente sino el esfuerzo que le damos para hacer las cosas.

Leave a comment

Comments can contain some xhtml. Names and emails are required (emails aren't displayed), url's are optional.




Damned if you do, damned if you don’t »« Moon Diamond
He redactado esta carta más extensa de lo usual porque carezco de tiempo para escribirla más breve.  — Blaise Pascal

Pi in the Sky is powered by WordPress. Dressed with Vistered Little. Hosted at MochaHost.